miércoles, 30 de julio de 2014

Las gaviotas se comen a los patitos







Los turistas que llegaron ayer a Vilagarcía, seguro que no venían con la intención de ser testigos del terrible espectáculo que presenciaron al mediodía en el río Con, junto al puente de Vista Alegre. Por el agua nadaban despreocupados dos patitos amarillos detrás de mamá pata, hasta que de repente llegó una gaviota, se abalanzó sobre una cría, la apresó con su pico y se la zampó. Nada pudieron hacer los horrorizados testigos para evitarlo, y eso que le lanzaron hasta bocadillos para ver si la gaviota cambiaba de objetivo y dejaba al patito. Pero nada. El ave tenía muy claro que esa iba a ser su comida del mediodía y no soltó la presa. Lo peor es que no es la primera vez que pasa.

Manuel Oliveira tiene una tienda de chucherías junto al río, y asegura que es un espectáculo que ya se repitió en otras ocasiones, que siempre que las patas crían pasan lo mismo y que son muy pocos los patitos que sobreviven a los ataques de las gaviotas, que por lo visto prefieren ese tierno manjar a los insípidos peces del río. «Hace cuatro o cinco días una pata tuvo ocho patitos; al día siguiente ya había solo tres, y después de que la gaviota se comiera a uno este mediodía delante de todos los turistas, ya solo queda uno; seguro que no dura mucho. Cada vez que hay una niñada, no logramos que se salve ninguno», decía ayer con desesperación.

No todos son del agrado de las aves marinas. «Hubo una que tuvo seis patitos que eran todos oscuros y esos no se los comieron, no les llamaban la atención, pero estos son amarillitos; eran siete amarillos y uno blanco y negro, el blanco y negro fue el primero que se comieron, y ahora ya solo queda uno de los amarillos. ¡A ver hasta cuándo!».

Fue un desagradable espectáculo el que tuvo lugar al mediodía de ayer. «Muy desagradable para los turistas, porque estaba el puente lleno y todos lo vieron, y también para nosotros, porque le coges cariño a los patos, da gusto verlos en el río, y no sabemos qué hacer para protegerlos. Al que quedaba vivo quisimos cogerlo en una cajita y cuidarlo nosotros hasta que sea más grande, pero no hay manera de atraparlo», se lamentaba Oliveira, que no es el único vecino de la zona preocupado por el futuro incierto del pequeño palmípedo.

La frustración que sienten los vecinos es muy grande, porque en cuanto nacen los patitos ya saben el futuro que les espera y se resisten a ser testigos de lo que intuyen de antemano que va a ocurrir. Y sin poder hacer nada por evitarlo, porque las crías están solas e indefensas, no tienen quién las proteja.

 
Fuente: La Voz de Galicia

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