sábado, 10 de agosto de 2013

Un barco de Cambados captura 8.600 kilos de robaliza





La flota de bajura se queja de que la pesca escasea, pero a veces la fortuna permite llenar las redes. Es lo que le ocurrió al Montesacro, un barco con puerto base en Cambados que el jueves se hizo a la mar sin sospechar que iba a regresar con la pesca de su vida. Las capturas fueron de récord: 8.600 kilos de robaliza que en la lonja de Vigo se tradujeron en unos cien mil euros de facturación, según explicaba ayer el armador y patrón de la embarcación Francisco Bugallo. Paco, como se le conoce en Cambados, nunca había visto su barco tan bien surtido. «Temos tido posibilidade de pescar moito peixe, pero nunca collemos esta cantidade».

La campanada del viernes ha supuesto un balón de oxígeno para las cuentas de la armadora, pero no tanto como para dormirse en los laureles. Esta noche hubo que volver al tajo. En el mar, el refrán “vísperas de mucho, días de nada” cobra plena vigencia porque no hay nada garantizado. «É impredecible. Un día colles 1.500 kilos e outro non colles nada», relata Bugallo. Y, en esto, también cuenta el oficio. El «aparato» puede orientar al patrón sobre la presencia de peces pero, en este caso, lo que funcionó fue la vista y la intuición.

«Hai que mirar a ardentía que leva a auga. Agora están en época de apareamento, o peixe está máis parado e así é máis doado», explica el veterano marinero. A sus 62 años acumula ya cuatro décadas de experiencia a sus espaldas y esta experiencia le dice que, en estos casos, mejor no dar demasiadas pistas sobre la localización de este maná en forma de robaliza, no es cosa de facilitarle el trabajo a la competencia.





A lo más que llega Bugallo es a situar la pesca del viernes en «augas profundas», en algún punto situado entre las rías de Arousa y Muros-Noia. Había ejemplares para todos los gustos: de kilo y medio y de hasta diez kilos. Y los precios, en consecuencia, también variaron; entre los 10 euros y los 16 euros el kilo. Años atrás, la misma lubina hubiera alcanzado los 30 euros, reflexionaba Paco. Pero no es ocasión de lamentarse. Al Montesacro le tocó la lotería (Bugallo prefiere hablar de «pedrea») y esas cosas, si ocurren, pasan una vez en la vida.

  

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