jueves, 21 de julio de 2011

Sorprendente: Ahora las gasolineras venden cebo para pescar



Los pescadores de la comarca de Ferrol han colgado el raño de toda la vida, ese con el que acostumbraban a bajar a la marea a por miñoca. Han cambiado la ceremonia de recoger el cebo de sus capturas por una máquina expendedora. Numerosos aficionados echan la caña al hombro cada fin de semana para pasar el día en algún punto de la costa ártabra. Una silla cómoda, la cesta para guardar los trofeos de batalla y una cajita repleta de gusanos son los únicos complementos que necesitan para disfrutar de su hobby. Y esa cajita se la suministra ahora la empresa Cebos Galicia, en dosis de entre 20 y 30 gramos de peso, que pueden retirar las veinticuatro horas del día como si de una lata de refresco se tratase.

¿Y dónde se encuentran esas máquinas? Pues en las gasolineras de paso a los principales puntos de pesca de mar. Por el momento, en la comarca son cuatro las estaciones de servicio en las que se pueden ver las expendedoras en las que figura la inscripción «cebos vivos». Están en Valdoviño, el puente de As Pías, Pontedeume y la gasolinera de A Malata.


Precisamente es el propietario de esta última, Arturo Barreiro, quien elogia el nuevo sistema. «Tiene más éxito de lo que esperábamos», apunta. Sobre todo, «a primera hora de la mañana y las últimas horas del día». Porque queda de paso hacia la costa de Doniños o Covas, y los pescadores aprovechan para coger sus gusanos al precio de tres euros la caja antes de continuar el camino.

Al principio era reacio. «Vino en el 2009 y le dije que no», señala Arturo en referencia al responsable de la empresa de cebos que promueve la instalación de las máquinas. Pero, a base de insistencia, «antes del verano pasado» acabó cediendo y no se arrepiente en absoluto. «Empezó reponiendo una vez a la semana; y ahora viene dos y hasta tres veces», añade asombrado.

Francisco Arroyo, un pescador de 50 años afincado en Sada y que compite en la modalidad de Surfcasting (pesca desde la arena, en playa), es el artífice de esta idea. Indica que comenzó su andadura en el 2008, y que actualmente dispone de una veintena de máquinas expendedoras en toda la costa coruñesa, sirviendo a los pescadores desde la comarca de Ferrol hasta la de Cee.

Se le ocurrió el negocio porque pensó en facilitar la vida de los pescadores, «porque ocurre que uno sale del trabajo, quiere ir a pescar y se encuentra que las tiendas ya están cerradas». Y con sus máquinas, «tienen la posibilidad de tener la carnaza más fácilmente».

Sirve distintas variedades de gusanos. Aunque el tiempo le ha mostrado que el mercado se decanta hacia uno en especial: el coreano. «Porque es el más duro», responde a la interrogante, y una caja de cebo importado desde China puede aguantar vivo hasta dos semanas, mientras que la miñoca de toda la vida es más débil. Por eso, añade, «los más delicados los dejamos para la época de más demanda», que es el verano. Aunque alerta de que, especialmente en el mes de agosto, que es cuando más pescadores se acercan a las costas locales, el calor resulta letal, también para los gusanos importados. Y lo peor en su negocio es «que el pescador se encuentre con que el cebo está muerto».


Por eso, Francisco Arroyo indica que su oficio «es muy duro» porque pasa el día entero en la carretera, limpiando las máquinas y sustituyendo los gusanos muertos por partidas nuevas.
Atrás quedaron los que, raño en mano, aprovechaban la marea baja para extraer la miñoca local. Aunque algunos rezagados aprovechan los cupos que pone la Administración para no esquilmar los recursos naturales de los que disponen las rías locales.

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