lunes, 16 de mayo de 2011

Las truchas, especie en extinción



Que las truchas no entren al cebo es algo que ya no sorprende a los pescadores, resignados de un tiempo a esta parte a considerar como jornada brillante aquella en la que vuelven con algún pez en el cesto. Pero que no se vea ni rastro de ellas, ni siquiera en tramos en los que no se permite la pesca, plantea un nuevo y alarmante escenario. Tras años de caída paulatina de la población de salmónidos, en la presente temporada se ha encendido la luz de alarma. Sin que nadie sepa por qué, las truchas se han esfumado.

«Con las crecidas tan fuertes de hace ocho o nueve años ya hubo un bajón en la pesca, pero en los dos últimos años la caída es tremenda. Es un verdadero disparate y no hay río que se salve. Lo peor es que no sabemos por qué está pasando, supongo que todo se vuelve en contra de la trucha», dice José González, veterano aficionado y dueño de una tienda de artículos de pesca en Monforte.

El pescador suele echar mano de teorías variopintas para explicar la escasez de truchas o la falta puntual de picadas: las condiciones meteorológicas, la carencia de repoblaciones, la contaminación de las aguas, la voracidad de nutrias y cormoranes, la abundancia de tramos sombríos por la ausencia de talas, el deterioro de las presas... Ninguna de ellas parece justificar por sí sola, sin embargo, un fiasco generalizado como el de la presente temporada.

El concurso celebrado el pasado primero de mayo en A Pontenova ilustra muy bien la situación de los ríos. Ese día se abrió la temporada en ese tramo del Eo, un coto de primera categoría y bien vigilado para evitar incursiones de los furtivos. ¿Resultado? 120 capturas entre 90 pescadores de primera fila. Un promedio de 1,3 truchas por caña. «En el Navia se celebró hace poco un concurso de Telefónica y el ganador pescó dos truchas en toda la mañana», apunta José González al hilo de lo que se comenta en su negocio.

En el tramo urbano del Cabe, vedado para la pesca desde hace años, ya resulta difícil dar con la silueta esquiva de una trucha entre la presa del Parque dos Condes y el multiusos. Aguas arriba, en el coto de Monforte, muchos socios de Val de Lemos han optado por colgar la caña antes de tiempo: «Ir al río es lo mismo que si lanzases el cebo en el medio de un prado».

Para el presidente de esta sociedad, al menos este año el problema del Cabe está identificado. «Llevamos casi un mes con el río turbio por los arrastres de las obras del corredor», se lamenta Roberto Fernández. En su opinión, en los últimos años se ha producido un bajón generalizado en las capturas por un cúmulo de circunstancias: «La contaminación está ahí, la presión de los pescadores es grande...». La administración -explica- «conoce el problema» y se debatirá tras la temporada en los comités de pesca.

José Fernández tiene 44 años y patea desde los 18 los ríos de Chantada caña en mano. La licencia de pesca le caduca el próximo 14 de mayo y por vez primera no va a renovarla. «Este año hay una caída salvaje en las capturas y el tamaño de las truchas. Es patético», se justifica. ¿Sobrepesca? «No creo. Cuando empecé los novatos pescaban y los buenos llenaban el cesto. Había más pescadores que ahora y al venderse las truchas muchos no salían del río. Por experiencia, por lo que escucho a otros, por amigos biólogos, debería tener una idea de lo que pasa. Pero no la tengo, ya me gustaría saberlo». A quién no.

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